La autora mexicana Teresa Lozano Armendares, reconocida docente e investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), dedica parte de su obra al estudio del espacio socio-histórico de la nueva españa, tras el establecimiento de las colonias españolas en América propiciadas por el descubrimiento.
Uno de los elementos que resulta sobremanera atractivo en su minucioso análisis, es la descripción de las prácticas relativas a los juegos de azar en el nuevo continente.
En su libro titulado “Juegos de Azar ¿Una pasión novohispana)”, ella relata con asombrosa belleza cómo el juego se introduce desde España en América de un modo confuso e irregular, condicionado por la manipulación que desde la corona española se hace de la cuestión.
Si bien, desde un primer momento la pasión por los juegos se riega rápidamente por las Indias españolas, sin distinción de clase social ni etnia, luego este comienza a intentar ser regulado en los virreinatos.
En el siglo XVI, el rey Felipe II, a fin de incrementar la renta que se percibía desde la casa real, decide limitar el comercio de barajas de un modo terminante. Solo podían comprarse y venderse las barajas fabricadas por la real hacienda.
El elevado precio al que estas se comercializaban habría puesto un coto a la expansión del juego, de no haber intervenido el factor del contrabando y la fabricación de naipes no oficiales.
La gran popularidad que habían adquirido estos juegos hizo imposible que no surgieran esas expresiones que desbordaron visiblemente la capacidad de control de la corona.