El juego compulsivo es una adicción. Eso es algo que comienza a verse con claridad por estos tiempos. Hasta no hace mucho tiempo, los adictos al juego eras considerados personas irresponsables o que no podían controlarse. El juicio sobre ellos era moral.
En la actualidad se piensa que el juego compulsivo es una enfermedad, de características similares al tabaquismo o el acoholismo, que pueden derivar en importantes consecuencias para la salud física y mental de quien la padece.
Se estima que solo en los Estados Unidos, el 3 % de la población sufre de esta adicción y que lamentablemente no son tratados a tiempo. Un estudio ha revelado que muchos de los adictos se acercan a centros de salud alegando estrés, ansiedad, insomnio e incluso depresión o desórdenes intestinales. El problema está en que los profesionales de la salud no están entrenados en este mal y no hacen ninguna pregunta relacionada con el tema, como sí se hace para con el alcohol, el cigarrillo y los desórdenes alimenticios.
Se cree que realizar preguntas sencillas puede favorecer un diagnóstico temprano de una enfermedad que no presenta sintomatología tan visible como otras. Algunas preguntas serían:
· ¿Juega más de lo que generalmente planea?
· ¿Se siente culpable por cómo juega? ¿No puede controlar las consecuencias de su juego?
· ¿Ha dejado de ir a trabajar o estudiar por quedarse jugando?
Si la respuesta a estas preguntas es afirmativa, es importante consultar a profesionales especializados, que puedan ayudar a la persona en problemas.
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